miércoles, 29 de diciembre de 2010

Esa, esta, aquella NAVIDAD



Comentábamos esta mañana, durante el desayuno, poco más de 5 personas de generaciones parecidas cómo vivíamos la Navidad de niños y cómo las vivimos ahora. Qué cosas perdimos y cuáles ganamos en el camino durante este mes navideño y festivo. Si la Navidad es siempre la misma, ¿por qué cambia de un año para otro? La respuesta es simple y conocida por todos: quienes cambiamos somos nosotros y con nosotros, nuestras costumbres y con ellas... pues todo eso que estais pensando. No cuento nada nuevo.


Procedo a hacer varios viajes en el tiempo y observo algún que otro momento:


El día ha amanecido luminoso, sólo un par de nubes cruzan el cielo, por encima de El Corte Inglés de Málaga. Llevo tiempo observando el cielo, esperando que un helicóptero lo cruce. Mis padres dicen que los Reyes han enviado a un Cartero Real y estamos esperándolo, junto a una explanada, rodeados de muchos niños que han venido con sus padres, sus tíos, sus abuelos... Mis hermanas son pequeñas aún y no sé si se enteran. Mi hermano viene de camino. Mi madre tiene la barriga bien gorda. El ruido llega antes que el helicóptero. Las bolsas de caramelos que han tirado algunos niños al suelo, comienzan a revolotear por encima nuestro. También hay hojas de árboles. Muchas. El helicóptero aparece sobre nosotros y todos señalamos al cielo. Es enorme. Mis padres les ponen el pasamontañas a mis hermanas y a mí me dicen que me tape la boca para no resfriarme. Además de viento, hace frío, aunque haga sol. He leido en el libro de lenguaje una expresión que me ha gustado "abrió los ojos como platos". Y eso hago yo cuando el helicóptero comienza a tomar tierra. No sé si estoy nerviosa por el helicóptero o por ver al cartero que se llevará mi carta, donde he apuntado todos los regalos que quiero que me traigan los Reyes. Mi favorito es Melchor porque se parece a Papá Noel y a mí me gusta mucho Papá Noel porque tiene cara de bueno, una gran barba blanca y viste de rojo, pero sobre todo porque Papá Noel deja los regalos antes. El cartero real ha salido del helicóptero levantando las manos y todos los niños hemos aplaudido. Me he quitado los guantes y he inspeccionado los bolsillos de mi chaquetón. He encontrado mi carta. Mis padres, mis hermanas y yo nos ponemos en cola. Cuando al fin le entrego la carta al Cartero Real, él sonríe y me da un caramelo. Ahora sé que la carta llegará a su destino y que tendré todos esos juguetes que he pedido. Antes de irnos le digo al Cartero Real que lo más importante es El séptimo de Caballería de los clicks de Famobil, y que mi próximo hermano nazca bien y sea un niño. Después, nos vamos al Cortilandia.


A las 11, el patio de abajo del Siurot está lleno de niños de 1ª etapa. Yo termino de comerme mi donut de chocolate y me acerco a unos compañeros. Es Navidad. Hemos decorado toda la clase y llevamos una semana ensayando un villancico. Me lo he aprendido enseguida, aunque nunca antes lo había oído. No sé cómo se llama, pero yo lo llamo "Pampanitos verdes, hojas de limón". Tendré que vestirme de pastora. Fui con mi madre a C/Compañía y me compró unas zapatillas negras, de esparto, con lazos de colores. Sólo me faltaba eso para tener el traje completo. La falda no me gusta, pero no hay otra. He heredado el traje, como mucha de mi ropa. Somos demasiados en casa. Me gusta heredar ropa, porque generalmente es de mi prima Maribel y yo adoro a mi prima Maribel. Mis compañeros hablan de los Reyes Magos. Uno de ellos dice que los Reyes Magos son los padres. Yo no me lo creo y me alejo hacia las canastas de baloncesto. Los miro desde lejos y empiezo a hacerme preguntas. Cuando llego a casa no digo nada. El 5 de enero nos acostamos pronto porque vienen los Reyes Magos. Los hemos visto pasear por el centro de Málaga en la cabalgata y nos han lanzado caramelos. Cuando todos creen que duermo oigo a los Reyes trastear en el salón. Me levanto. Salgo. ¿Puedo ayudar? -pregunto.


Mi familia es gigante. Me gusta dibujar mi árbol genealógico en las libretas de cuadritos del cole. Las ramas del árbol sobresalen y a veces tengo que pedirle una hoja grande a algún alumno de 2ª etapa. En Nochebuena nos juntamos con la parte de mi madre. En Navidad con la de mi padre. Imposible juntarlos a todos. Son demasiados. En Navidad siempre echan una película buena. Ahora que la tele es en color parecen más bonitas. En Navidad no hay carta de ajuste y la 1 y la 2 compiten por poner los mejores dibujitos y las mejores pelis clásicas. Las pelis clásicas son en blanco y negro aunque la tele sea en color. Me fastidia levantarme a cambiar de canal, por eso casi siempre veo la 1. Mis primos de Barcelona han venido. Iremos a comer al Puerto de la Torre. En Navidad siempre acabamos allí. Mi padre ha roto la zambomba. Siempre la rompe. Mis tíos cantan villancicos y nosotros, los niños, los aprendemos mientras tocamos las panderetas. Las risas se oyen más que las canciones. Mis tíos saben muchas. Yo ya las he aprendido. En las casas de al lado suenan también. Y si sales a la calle se ven todas las ventanas y balcones iluminados y se oyen villancicos por todos lados. Las tiendas están adornadas y los tenderos son muy amables y regalan caramelos y algunos te dan el aguinaldo. Ellos también ponen villancicos en una cinta. Los de Parchis son los que más me gustan porque son muy alegres. Mi padre ha dicho que este año vendrá Papá Noel y así podremos disfrutar de los regalos todas las vacaciones. Me encanta Papá Noel.


He recibido un Christmas. El primero dirigido a mí y no a mis padres. Es de una amiga. Es zurda. Llamémosla S. Me encanta ver cómo escriben los zurdos. A veces pienso que tengo instintos zurdos yo también. Mi amiga vive en Carlinda y la conozco desde hace muchos años, pero es ahora cuando somos amigas. Me ha hecho mucha ilusión ese Christmas. No lo perderé nunca. Creo que todo el mundo debería enviarse uno en Navidad.

Es Nochebuena, por la tarde. Estoy nerviosa por dar mis Christimas a mis amigas. Me he pasado toda la semana decorándolos, eligiendo cada palabra que he escrito en ellos, hasta el color del bolígrafo. Los personalizo. Los decoro. Escribo todas esas palabras bonitas que de viva voz no sé decir o que me cuesta. En vez de un beso en la mejilla o un buen abrazo, suelo dar toques en el hombro. Después, me pongo roja. Qué timidez más tonta envuelve a la adolescencia. Sé que esto de los Christmas no va a durar un año, ni dos, sé que hemos instaurado una costumbre y sé que no se romperá. Nuestra amistad tampoco. Le dibujo la estrella al árbol y la pinto de color fluorescente. Brilla.


Hay un montón de discos bajo el árbol. Modern Talking. Mecano. Stephanie. Spandau Ballet. Europe. Un montón de cintas para grabar, de BETA, VHS y de casette. También un porrón de libros. Papá Noel sabe lo que me gusta.


Estamos tiradas en el suelo, sobre una manta. Yo dibujo y mis hermanas recortan. Mi hermano se entretiene con un He-man. Mi amiga Mónica me sugiere cosas para dibujar. Una vez terminados los muñecos y carteles, los guardamos en una bolsa. Al día siguiente, 28 de diciembre, nos bajamos a los pasajes y le colgamos los muñecos a la gente en la espalda, sin que se den cuenta. También lo hacemos en el súper y pegamos en algún portero electrónico o llamamos por teléfono a la familia para decir que les ha tocado un viaje. Lo mejor de todo es decir INOCENTE-INOCENTE, entre risas. Recordar las trastadas hasta la mismísima Nochevieja es recurrente, forma parte de la Navidad. Los puestecillos de las bromas están en la Alameda.


Mil y una anécdotas más y mil y un vistazo más podría echar a mis Navidades pasadas para compararla con las que ahora vivimos nosotros o los niños que en un futuro hablarán de ellas como las de su infancia. Todo cambia. Y es bueno. Aunque algunas viejas costumbres habría que mantenerlas. Suerte que seguimos con las uvas.



...uno, dos, tres y cuatro y empieza otra vez, que la
quinta es la una y la sexta es la dos y así el siete es tres. Y decimos
adiós y pedimos a Dios que en el año que viene a ver si....


(Un año más. Descanso Dominical. Mecano.
1988).

Y hasta aquí mi pequeño homenaje a las Navidades pasadas o a las Navidades en general. Esta semana estoy de homenajes, ya veis.

Os invito a contar alguna anécdota navideña, a ver si el espíritu de estos días sigue viviendo un poquito más y alcanza el 2011 y prosigue con él.


OS DESEO A TODOS UNAS FELICÍSIMAS
FIESTAS Y POR EXTENSIÓN UN FELICÍSIMO AÑO 2011.




Se os quiere.




Gracias por visitarme, aquí en mi calle: Chawton Street.






I.M.G.










lunes, 27 de diciembre de 2010

ANA TORROJA cumple 51 años (28/12/2010)


Podría homenajear a Ana en el día de su cumpleaños de muchas maneras, pero hoy sólo se me ocurre dejar constancia aquí, en mi blog, de lo que Ana ha significado y significa para mí. La conocí hace 30 años. No imagino mi vida sin Ana cantándome a cada rato. Sin Ana alegrando mis días, sin Ana mirándome desde alguna pared de mi cuarto.



Ana Torroja Fungairiño nació el 28 de diciembre de 1959.


Hoy cumple 51 años y como cada año en este día, quiero rendirle un pequeño homenaje. Los regalos los dejaremos para nuestro próximo encuentro. Sin duda, en este 2011 que a punto está de llegar.







¡FELIZ CUMPLEAÑOS, ANA! (You´re great, darling).



Todo comenzó un verano de principios de los 80. Yo tenía 8 años. Mi primo trasteaba el dial de la radio y de repente una canción. Y de repente la niña que yo era entonces se sentó junto a la radio y dejó de oir el sonido de las olas al chocar contra los espigones, el sonido de las gaviotas atravesando el cielo mediterráneo, el murmullo de los niños haciendo castillos en la orilla. El mundo se le paralizó en aquel instante, en una playa de Fuengirola, (Málaga). Escuchó la canción hasta que el locutor interrumpió el final de la misma con una cuña publicitaria. La niña buscó a su primo mayor, que andaba muy cerca y le preguntó el nombre de aquel grupo musical que sonaba tan distinto a lo que ella solía escuchar, (tenía cintas de Parchis, de Botones, de Enrique y Ana, de Regaliz, etc etc).



- Mecano -dijo.






- Mecano -repitió aquella Isa en voz alta, y luego para sus adentros y después todo el día, para no olvidarlo. Y ya se quedó con ella para siempre.


Aquella niña guardaba un maletín color azul marino bajo el tapete de una mesa camilla. El maletín estaba lleno de cintas de los grupos antes nombrados, además de alguna otra de cuentos, de la Tuna o de Raffaella Carrá. Aquellas cintas fueron apiladas, una tras otra, en una repisa del dormitorio, en la balda más alta, donde dejaba sus recuerdos más infantiles. El maletín se quedó vacío, sin música, esperando todo lo que traían los ochenta, esperando, sobre todo a Mecano.


Recuerdo, recién comprada nuestra primera tele en color en casa, a una Ana Torroja que aparecía en el Un, dos, tres, en un especial sobre BUP y COU. Llenó toda la pantalla con su sonrisa y yo me crucé de piernas frente al televisor, con un sándwich en una mano y el superPop en la otra. Ana llevaba por aquel entonces un pelado vanguardista recortado por un lado y rizado por el otro, teñido de rubio. Siempre fue pionera de la moda. (Aún hoy lo sigue siendo). Piernas flacas y torneadas. Un lunar en el cuello y otro en mitad de la cara. Ojos expresivos. Un movimiento sensual y una voz de terciopelo.


Fue entonces cuando comencé a coleccionar tesoros: mis cintas de Mecano. La voz de Ana Torroja sonando mientras aprendía a multiplicar y a dividir, mientras domaba mi letra, mientras iba a catequesis y cantaba villancicos vestida de pastora en una clase de 4º de EGB del colegio Siurot.


La voz de Ana Torroja, los teclados de Nacho, la guitarra de Jose, cuando entré en 2ª etapa y me creí mayor a mis once años, cuando me gustó el primer chico, cuando me dejaron empapelar la habitación de posters. Mecano en las paredes, en el radiocasette, en el tocadiscos, en las revistas, en los marcos de fotos. Mecano por todas partes.


Ana siempre a mi lado, cantándome en los momentos buenos y en los momentos malos. Con una voz dulce y aterciopelada, cantándome siempre. Al entrar al Instituto, con catorce años, al salir, con diecisiete.


Mirándome desde la pared, sobre el escritorio, viéndome crecer, ir a la Facultad, diplomarme, licenciarme, encontrar mi primer trabajo, el segundo, el quinto, el último... llegar a ser quien hoy soy.


Ana a mi lado siempre. Y los 28 de diciembre, como cada año, celebrando su cumpleaños: 23, 27, 33, 37, 40, 42, 46, 49, 50... y hoy 51.


Y es que soy parte de ti, parte del mar, parte del manantial, parte del bien, parte del mal, parte de todo lo que hay.

Y nacen mis sobrinos y tararean Hoy no me puedo levantar y se me ensancha el corazón, y se me achica, y se lanza a palpitar y explosiona en mil colores, en mil canciones cantadas con esa voz que no me abandona. Y recuerdo en el 86, cuando mi hermano apenas tenía 5 años, (hoy tiene casi 30), y me pedía que quitase No es serio este cementerio porque le daba tanto miedo como el Thriller de Michael Jackson. Y oigo el Búho musical, la emisora de los adolescentes del 87 y la canción más pedida es Me cuesta tanto olvidarte y llega el día de la cabalgata de Reyes y le digo a mi madre que baje con mis hermanos a verla, que yo me quedaré estudiando y en cuanto salen por la puerta enciendo el tocadiscos y pongo Entre el cielo y el suelo y me siento en el sofá, con las piernas cruzadas, como siempre me ha gustado sentarme, y me desgañito junto a Ana. La acompaño en todas las canciones e imagino que estoy en un concierto y que ella me invita a cantar. Y nos cedemos la voz en cada estrofa.


Y llega el compact disc y con él nuevas canciones que no salen en los discos y que hay que grabar de la radio. Y termina Tocata y llega Rockopop. Y con Rosa, en la playa de La Malagueta, oigo las primeras canciones del Aidalai. Un adelanto de los 40 principales. Y me enamoro y llega El 7 de septiembre.

El 26 de julio de 1989 acudí a mi primer concierto de Mecano, en La Malagueta. Actuaba La guardia de telonero. Una Señora, en las gradas de la plaza de toros, me decía que había venido a oir cantar a la Torroja y no a mí. Me encogí de hombros y seguí cantando Héroes de la Antártida. El brillo de la capa de Nacho Cano en Por la cara, deslumbraba mis ojos. El 21 de agosto de 1991, llegó mi 2º concierto de Mecano, en La Malagueta, a codazos con una Penélope Cruz más creída que mona, bailé La fuerza del destino. Ese día le cogí manía. Aún me dura. Mi tercer y último concierto de Mecano llegó el 25 de Agosto de 1992, también en La Malagueta. Horas esperando frente a la plaza. Cantando con todos los fans, antes de que abrieran las puertas. Derramando lágrimas al marcharme porque Jose María Cano había dejado claro en el programa de la Pecker que no volverían hasta 1995. Quedaba tan lejos aquel 1995 entonces...

Queda tan lejos ahora...

- Eres una fan irremediable e incondicional -me dijo alguien de su entorno entre risas, pellizcándome la mejilla derecha. Yo enrojecí.

Tengo guardadas cientos de fotos de Mecano y de Ana Torroja en varias carpetas que he ido coleccionando. Tengo guardadas, diría que miles de fotografías y de entrevistas de todos los años y de varios países, en mi ordenador y en varios discos duros, por tener, tengo casi de todo sobre ellos, pero nunca es suficiente y nunca está completa la colección. Siempre surge alguna foto, alguna entrevista, algo que desconocías. Cada vez cuesta más que te sorprendan con algo, pero cuando lo hacen es casi como volver a oir una nueva estrofa de una nueva canción de Mecano. Encontrar una maqueta es como encontrar el lugar exacto donde se encuentra La Atlántida.

Y este 31 de diciembre, como cada año, cantaremos Un año más en todas las versiones que han salido, de Mecano y de otro autores haciendo su pequeño gran homenaje. Y empezaré cantando En la Puerta del Sol cuando amanezca y con la última campanada seguiré con aquello de marineros, soldados, solteros, casados, amantes, andantes, y alguno que otro cura despistao.


Y llegó Puntos Cardinales y se jodió la gira, pero es que llegó el Ana, Jose, Nacho. Sí, el Ana, Jose, Nacho y toda aquella publicidad, y todas aquellas promesas de la vuelta de Mecano y Jose María Cano nos calló la boca a todos con aquella sentencia de muerte para el grupo, que no llegó a ejecutarse, pero que aún cumple condena. Y mecano sigue vivo, sigue cantando, sigue latiendo en cada uno de nosotros, sigue en mi piel, en mi tatuaje. Y Ana cantó A contratiempo y dejó que lloviera y en el 2000 cuando todos esperábamos el fin del mundo, Ana surgió en la gira con Miguel Bosé: Girados. Y le dio un nuevo rumbo a esa vida mía que se iba al traste por una muerte que me asfixió. Y entonces conocí a Ana. 23 de Julio de 2000. Palacio de deportes de Granada. No me extiendo en mis experiencias. Sólo las nombros, ya con eso basta. Cada cual que recuerde su momento, no pretendo hacer recordar los míos pq sólo ella y yo los conocemos. Y después Girados en La Malagueta. Y todo el merchandising que jamás antes pude comprarme.
Y no pongo más fotos, ni he elegido las que más me gustan ni las que menos, para comenzar esta entrada. Hay miles de fotografías en la red. Ninguna me pertenece y sin embargo siento que me pertenecen todas. Como nos ocurre a todos, supongo.
Y con Pasajes de un sueño creí que me moría y con Frágil llegué a la vida eterna. Los recopilatorios, homenajes son, se tienen, pero se disfrutan de una manera distinta. Quién dice sigue siendo mi canción favorita de la carrera en solitario de Ana. No hay un solo día que no la tararee.
Y al fin llegó Sonrisa... y con ella todo lo que tengo ahora mismo: FELICIDAD.
Y no quiero abandonar esta entrada sin nombrar a dos personas que junto conmigo forman otro mecano: Javi y Jaime. Hoy estamos los tres de fiesta. Cumple años nuestra Anita.
¿Os atreveis a dejar vuestros recuerdos con Mecano o Ana Torroja o con sus canciones? Serán bienvenidos y comentados todos.
FELIZ CUMPLEAÑOS, ANA
http://www.youtube.com/watch?v=PJ222IOZTOg (Un año más. Concierto básico 40. Gira Frágil Ana Torroja)
I.M.G.



























































martes, 21 de diciembre de 2010

Festival Eñe (12-13Nov. Madrid) 10ª y última parte

EL FESTIVAL DE LITERATURA DE MADRID: LIBROS, ESCRITORES Y LECTORES:



Con esta última entrada dedicada al Festival Eñe, quiero rendir también un pequeño homenaje a todos los que estuvimos allí durante aquel fantástico fin de semana literario.


Esta imagen es fiel reflejo de la afluencia de público en cada conferencia. Esta sala en cuestión es la de la 2ª planta, la sala Fernando de Rojas, donde tuve ocasión de disfrutar, como ya sabeis, de las conferencias de Espido Freire, Almudena Grandes, Isabel Muñoz, Juan Cruz, Manuel Rivas o Rafael Chirbes.



Las conferencias relatadas son sólo aquellas a las que yo tuve ocasión y suerte de asistir. Sin duda hay muchas que tuve que sacrificar por falta de tiempo o porque se pisaba con alguna que me interesaba especialmente. Una de las sacrificadas fue la de Poesía a la interperie, de Luis Eduardo Aute, en la que intervenían Charo López, Vicente Verdú, Fernando Beltrán y José Luis Temes, con la bienvenida de Ofelia Grande de Andrés. El artista leyó algunos de los poemas de su nuevo libro: No hay quinto animalo.


No sólo hubo conferencias en el festival, también hubo programa infantil, proyección de documentales, Ciclo de cine y cómic, campeonato de carambola, simultánea de ajedrez, Talleres exprés...


Con lo de talleres exprés tengo una pequeña espinita, pues me habría gustado poder acudir a alguno, pero como habeis podido comprobar a lo largo de estas diez entradas, no había hueco posible para nada más, apenas para ver un par de calles de Madrid cuando salíamos a comer a deshoras o a destiempos. Fueron 8 talleres:

1.Los errores más frecuentes en la escritura de la novela y como evitarlos , por Cristina Cerrada.

2.El motor de la creatividad, por Marisa Mañana

3.El amor por las palabras, por Antonio Rómar

4.Iniciación a la novela, por Jorge Eduardo Benavides

5. Leer para escribir, por Gloria Fernández Rozas

6. La lectura vinculada, por Antonio Rodríguez Menéndez

7. La nueva ficción televisiva, por Jordi Costa

8. Poe+, curso exprés de creación poética, por Luis Luna

Sin duda, el año próximo volveré y a ser posible, con mi grupo puntoyseguido al completo. Ha resultado una experiencia inolvidable. Por eso he hecho tanto hincapié en comentarla. Sin duda la mitad de los recuerdos y vivencias siguen conmigo y espero que algunos, los que aquí os dejo, se queden con vosotros también. Aquí podeis visitarnos cuando gusteis.


He intentado ser amena, procurando no extenderme demasiado, no sé si alguna vez lo he conseguido. Cuando algo me gusta, cuando algo lo disfruto, cuando algo se me queda tan dentro, necesito compartirlo. Esta es la muestra. Ha merecido la pena.



Si os parece, voy a relataros mis últimos minutos en el Festival, las últimas cara que vi o saludé, los últimos escalones con letras que bajé, el último sueño en el Astoria y el paseo hasta la estación de Atocha. Con el Ave, no sólo llegamos Loli y yo de vuelta a Málaga, nos trajimos parte del festival y de sus ponentes, con nosotras.


Ocupábamos una mesa lo más cercana posible al escenario. Junto a la nuestra se encontraban los amigos o conocidos de Andrés Neuman. Su silla estaba vacía. Como dije en la anterior entrada, él estaba de pie, al lado mía. Me saludó como he contado, arrastrando cantarinamente las vocales de mi nombre y después siguió charlando de forma animada con la chica que me daba la espalda. Loli y María charlaban de no sé qué. Lo siento, chicas, no os atendía en esos momentos. Alguna amiga mía diría que estaba cantando, pero la verdad es que estaba ordenando recuerdos, recreando escenas, observando a Almudena Grandes responder a la entrevistadora, frente a un foco de luz que disparaba justo a su cara. Detrás, la librería estaba siendo desmontada. Los libros volvían a las cajas de las que había salido para ser expuestos, y en el mejor de los casos ser vendidos. Recordé Una vez Argentina, de Neuman. Llevaba más de un mes buscándolo y en Madrid tampoco lo encontré, en la librería de Eñe tampoco. Retuve este dato en mi memoria para comentárselo a Andrés en cuanto pudiera. El murmullo de su voz se me colaba en los oídos y de vez en cuando volvía la vista hacia él y su acompañante. La chica se despidió y Andrés me sonrió antes de sentarse con sus amigos. Lo observé otro par de veces más. Nunca se sabe cuándo será el próximo encuentro.



Me acordé de Pablo, el muchacho fotógrafo que conocí. Busqué la página web que me había anotado en la hoja del festival y la anoté en mi cuaderno. Seguramente ya lo había hecho antes, pero no estaba segura. Entonces no sabía que acababa de entrar un nuevo amigo en mi vida. Una cosa más que le debo al Festival. Conocer a Pablo está siendo un relato de los buenos, una novela que no puedes dejar descansar en la mesita de noche. Y así nos asaltan las madrugadas, sobre todo a las que estamos de vacaciones esta semana ;-P


Se acercaba la media noche. Teníamos un buen sitio, aunque no la primera fila, para la tertulia espiritista de Andrés Neuman. Me preocupaba el sonido de la sala. El bar-restaurante era ruidoso y ya le había comentado a Andrés que difícilmente se oiría algo en condiciones allí. Miré el reloj. Apenas quedaban diez minutos. Andrés se acercó sonriente, me puso la mano en el hombro y sin abandonar su sonrisa me dijo que le habían cambiado la sala, que la tertulia sería en la 5ª planta, en la sala María Zambrano, justo el nombre de la estación de trenes de Málaga.


¡Bravo!, por una parte. ¡Horror!, por la otra. Por partes: bravo porque podría oirse bien la conferencia y horror porque ¿quién nos aseguraba ahora una primera fila?


Como diría Loli, salimos "escopetás" para arriba. La mejor opción era el ascensor, a esas alturas. No sé cómo lo hicimos, porque ya había gente en la sala María Zambrano cuando llegamos, pero conseguimos la ansiada primera fila y cuando llegó Andrés Neuman nos sonrió cómplice. Sabía que lo conseguiríamos. (Cada vez que evoco una sonrisa en la memoria, se me aparece la de Neuman, ahora ya sé por qué, es que no la abandona nuncaaaaa).



Mientras llegaba el público yo observaba cada uno de sus pasos. Era difícil no hacerlo, lo tenía delante de mi barbilla, delante de mi nariz, junto a la punta de mis zapatos, casi rozando el filo de mi vestido. Organizaba el proscenio.

Engalanó a su invitado, Edgar Franz Milton, con mimo y dulzura. Le entregó su chapa de ponente, le cedió una silla, le colocó su chaqueta sobre el respaldo y no dejó de atenderlo y de preguntarnos si se lo veía cómodo, hasta que llegó Camino, y los presentó antes de comenzar la tertulia.

24:00 Conferencia Exprés. ANDRÉS NEUMAN. Entrevista con Edgar Franz Milton. Una sesión espiritista en la que Andrés se encuentra con el fantasma del escritor austroamericano. A través de la megafonía de la sala se nos haría llegar su voz desde el más allá, con la clara intención de ajustar cuentas con Andrés. Un duelo de altos vuelos, con el público de testigo.





Andrés no venía a hablar de sus libros, ni a dar una charla sobre literatura o sobre cómo viajar sin ver. Nos introdujo al personaje de Edgar Franz Milton sin demasiada presentación explícita, pues de todos es de sobra conocido este autor sarcástico, irónico, et etc, que tiene por costumbre, mala o buena, siendo él, suicidarse continuamente.



Andrés encendía su Apple blanco, daba algún sorbo de agua y sonreía al público mientras Camino nos daba algún apunte sobre los méritos, sobradamente conocidos, de Neuman. Mientras la oía, y casi podía repetir cada frase que ella decía, me acordaba de algún fragmento del manuscrito encontrado de Edgar Franz Milton redactado horas antes de lanzarse a las vías de un tren de alta velocidad en Boston:


...cosas que prometo no hacer nunca en mi próxima vida de escritor, (eran 40, pero citaré sólo alguna de ellas):


5. Buscarme culpablemente en las estanterías cada vez que entro en una librería. Es muchísimo mejor hacerlo sin culpa.


6. Rematar siempre mis relatos con Entonces comprendió....


10. Llamar aduladores a los admiradores ajenos, y compañeros de estética a mis aduladores.


14. Sostener que los críticos que no me elogian en realidad no han leido mis libros o lo han hecho demasiado rápido.


30. Decribir emotivamente la amistad que mantuve con escritores difuntos a quienes desprecié en vida.


38. Pensar en los lectores antes que en los personajes.


Cuando se apagó la luz y comenzó el tintineo del hielo del vaso de whiskey que Edgar bebía, y que no nos abandonó en toda la velada, yo andaba recordando cuando este autor, ahora difunto pero entre nosotros, hablaba de la posmodernidad.Ocurrió antes de que ingiriese medio litro de desinfectante y agonizase en un hospitar de Tuckson en Arizona:


- ¿Qué opina de los jóvenes escritores? -le preguntó Matthieu Vivant de Les inrockuptibles.


- ¿Así en general? ¿Es usted idiota? -respondió Edgar.


- ¿Lee usted en español?


- Naturalmente, ¿usted no?


- Me temo que no.


-Así le va, feo, gordo y anglófilo.


-Perdone pero son francés


- Mucho peor, feo, flaco e intrascendente. Por lo menos lo otro podía haberle interesado a Kennedy Toole. Con usted no habría manera de hacer una novela decente.




La sala estaba en penumbra, sólo iluminada por el flexo que iluminaba la cara de Andrés. Todos escuchábamos esa voz seca, de ultratumba, sarcástica, cruel en alguna ocasión. Andrés preguntaba y Edgar respondía, siempre tras beber un sorbo de su vaso de whiskey y hacer tintinear el hielo.

Mi libreta de pasta roja, cargada de vivencias de todo el año, se encontraba en mi bolso. No tomé nota absolutamente de nada. Me dediqué a escuchar y a no apartar la vista de Andrés o de Edgar, de Edgar o de Andrés, y a vivir el momento. Tampoco usé demasiado la cámara. Tal vez tenga 4 ó 5 fotografías, todas primeros planos, que me reservo. Nada más.

Soy de las que opina que a Andrés hay que vivirlo y escucharlo y oirlo y leerlo, sobre todo leerlo.

Cuando terminó la charla sentí ese hormigueo extraño que me invade cuando finaliza un concierto, cuando finaliza un viaje, una excursión, un día de playa o de invierno, que ha sido disfrutado con ensañamiento y alevosía. Es la sensación de ¿y cuándo la próxima? y quieres que la respuesta sea ¡YA!

Le di la enhorabuena a Andrés, me firmó, tal y como quedamos, Bariloche y El último minuto y me quejé de no haber encontrado Una vez Argentina. Andrés hizo amago de levantarse y me dijo que quería regalármelo. Me preguntó si seguía la librería abierta. Negué con la cabeza, sonriendo, eran lo menos la 1 y algo de la madrugada, aunque perdiéramos todos el sentido del tiempo y el espacio en aquellas paredes del Círculo de Bellas Artes madrileño. Noté un gesto de fastidio en su cara. Realmente quería regalarme ese libro. Sólo con el gesto, ya me lo había regalado. Es el gesto, el regalo.

Tras las dedicatorias, que guardo para mí, charlamos de alguna cosa más. De Granada, de algún lugar secreto, de Buenos Aires y de Santiago de Chile. La gente se agolpaba a mis espaldas, esperando su momento de gloria mientras yo trataba de estirar el mío.

¿Cuándo nos volveremos a ver? Esa era la gran pregunta. Casi vi un amago de respuesta que se difuminó con el murmullo de la gente. Loli le alargó un álbum de familia. Le había entregado otro a Camino. Andrés dijo que lo tenía y comentó que lo había leído cuando se lo regalamos y hasta se atrevió a hablarnos de algún relato. Loli se lo dio para que se lo regalara a quien creyera conveniente. Dijo que lo haría. Lo creímos.

Después llegaron los besos, las despedidas, las últimas sonrisas, el último minuto y la última mirada: Andrés saludando a la gente, firmando libros y apartándose la melena de la cara con un gesto.

¡Hasta pronto, Andrés!

Nos preguntó si bajaríamos a la fiesta de despedida. Dijimos que tal vez.

Cuando bajábamos en el ascensor infladas por el momento y desinfladas por el momento también, decidimos que aquel debía ser nuestro punto y final de Eñe. Por Neuman y por nosotras.

Nos despedimos de María igual que del Círculo de Bellas Artes, con pereza y con ánimos de que el tiempo corra y nos regale un reencuentro.

Ya de madrugada, en el Astoria, Loli se quedaba dormida y yo escribía mi crónica del día para mis compañeros de puntoyseguido. No sé a qué hora me acosté. Debía de ser muy tarde.

Madrugamos. El ruido de las ruedas de las maletas hacía eco frente a las Cortes, en la Carrera de San Jerónimo. No se nos cruzó un solo coche. Loli fotografiaba puertas y yo la iglesia de Los Jerónimos al fondo y la fuente de Neptuno más cerca. Cruzamos hacia El Prado y recordé que tan sólo una semana antes había estado Barbra Streissand con su marido, descalza, en la puerta. Debía haber sido ahora, en ese momento. Habría flipado encontrándomela. La habría reconocido entre todos los turistas y tal vez me habría atrevido a tararear con ella Woman in love, Memory o alguna canción de su película Yentl: Papa, can´t you hear me?

Atocha. Desayuno a medias. AVE. Silencio. Gotas de lluvia arañando los cristales. Una película mala en las pantallas de los televisores. Algún comentario suelto. Sueño. Nubes grises. Olivos. Alta velocidad. Sol. Málaga. Fin de trayecto. Despedida. De nuevo el calor y el verano. Último párrafo de la última página de la novela Eñe.

Subo al autobús que me lleva a mi casa.

FIN.

I.M.G.

Nota: Alguno me ha solicitado información sobre nuestro libro álbum de familia. Os remito a la entrada que escribí en el mes de Junio que tiene el mismo nombre. Ahí se explica cómo se concibió el librito, dónde, de qué trata, quiénes somos los autores, e incluso dejo un fragmento del principio de cada relato. En esa entrada podeis encontrar una dirección donde pedírnoslo directamente, si estais interesados. También podeis hacer el pedido a la librería Proteo y Prometeo Ocasión de Málaga. El precio, en la librería de ocasión, sólo durante estos días Navideños, será de 1€. Después de estas fechas podreis adquirirlo al precio de 3€, que es su precio habitual. Gracias por vuestro interés y espero que quienes lo leais o lo adquirais, me dejeis por aquí una crítica u opinión. Siempre son bienvenidas.





Fotografías propiedad de Isabel Merino González, excepto las primeras.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Festival Eñe (12-13Nov. Madrid) 9ª Parte

21h. Pareja de Baile. Rafael Chirbes y Peio Fernández Riaño.


Chirbes, dueño de un inmenso acerbo cultural, es uno de esos escritores a los que todo joven con ambiciones literarias sueña con conocer.


Peio Fernández Riaño, inquieto periodista cultural y autor, lo ha elegido como su pareja de baile.


Que comience el espectáculo:


Entré a esta conferencia acordándome de mi compañero Miguel. Mis compañeras y yo tomamos asiento en las primeras filas, sentadas casi a los pies de este gran autor.


- ¿Qué es el éxito? -pregunta Peio.


- Forma parte de las ideas del ahora. Que un libro perdure 50 años y se venda, eso es un éxito. Si en 2 ó 3 años no se vende, es un fracaso. Yo creo que la literatura no hay que mirarla por si tiene éxito o no. Tiene éxito la lectura de cada cual -responde Chirbes mientras se oye el eco de algún aplauso roto.


- ¿Es más fácil vender cuando se sigue la corriente?


-Es más fácil cuando navegas a favor de la corriente, del poder. Una novela es una indagación del escritor. Cuando dices lo que quieren oír los lectores, el jurado o el poder, sientes que eres un farsante o que estás diciendo una mentira. En mi libro La buena letra está la traición de mi generación a la generación anterior. Cada vez que escribes lo haces a través de un grupo mediático. Más vale reconcomido que arrastrado -puntualiza.


La charla, una vez nombrado el poder, avanza hacia la política actual, se desvía hacia la sociedad de ahora, vuelve al punto anterior. Chirbes comenta que él nunca votó a quien no quería ni optó a un partido que puediera ir al poder. Las dos voces que hay en la actualidad, le parecen impostoras. Él votaba a Anguita porque era una voz distinta. Ahora se abstiene. No le gustan las segundas marcas de los vinos buenos.


Volvemos a la literatura y nos comenta que en sus novelas se pregunta siempre por la moral de nuestro tiempo, por dónde podemos salir. No entiende que la izquierada se haya convertido en la guardiana de la palabra. El bien común es no ser injusto con nadie y hacer bien tu trabajo.


- Cada vez valoro más el trabajo en estos tiempos que corren. Cuando uno pierde el respeto a su trabajo se lo pierde a sí mismo y entonces el patrón acaba por perderle el respeto al trabajador. El trabajo bien hecho es un punto. El otro es la solidaridad: no defender muchas grandes palabras, pero ayudar. No hacer grandes revoluciones pero echar una mano si podemos.


- No me gusta Henry Miller -continúa- porque no me gustan los chulos ni los de "yo la tengo más larga". Pero no quiero que se quite del camino. No estoy porque le prohiban nada a nadie excepto si se va a matar.


Aparece el juez cuando desaparece la textura social.


Peio comenta, lanza preguntas, conversa con Rafael. Nosotros seguimos el hilo, a ratos asintiendo, a ratos sonriendo, a ratos sin poder apartar la vista de ellos o de nuestro cuaderno, en el que tratamos de escribir cuando oimos.


-Hasta las obras hay que planificarlas porque son para varias generaciones.


-Ahora la idea es que vivamos, gocemos, disfrutamos...


-La novela sin contexto no creo que exista. Todo es historia. Nosotros somos historias, nuestros pies y nuestra nariz son historias. Por lo que literatura o novela sin historias no exiten. Si le quitas la historia eres síntoma. Los románticos y Henry Miller fueron síntomas de su tiempo.


- Los escritores ayudamos a formar la sensibilidad del tiempo en que vivimos. Somos responsables de formar determinados gustos, sentimientos, puntos de vista... Tenemos que ver qué sentimientos queremos generar con nuestros libros. Para ser novelista hace falta tan sólo tener antenas y leer mucho. No hace falta ser muy inteligentes para ello.


Surge el nombre de Henry James, y cómo no, una de sus grandes obras maestras, que ha salido en más de una ocasión durante este festival: Otra vuelta de tuerca. Entonces me acuerdo de José Luis Ordóñez, mi profesor en un curso de relatos del año pasado, que me sugirió que lo leyera en cuanto pudiera. Y eso hice. Y ahora oigo a Chirbes y sé de lo que está hablando.


-Henry James intenta responder al discurso dominante del momento en cada una de sus novelas. (Memorizo las que tengo de este autor: Retrato de una dama, Otra vuelta de tuerca, El mentiroso, Historia de una obra maestra, La heredera y Londres. Esta última me la he comprado este fin de semana, en Madrid).


- Los escritores dicen lo que dicen sus libros. Lo que hay que hacer es leer. Si quieren saber lo que pienso lean "Por cuenta propia" y "El novelista perplejo".


Rafael nos comenta que no le gusta hablar en público, sin embargo no se le ve incómodo, y no deja de hablar un segundo. El público aplaude cada uno de sus comentarios. Estamos a gusto en nuestra butacas, deseando que siga hablando.


- Las nuevas tecnologías generan discusión. Ahora hay simultaneidad. Hay que huir de los blogs. (Loli y yo nos miramos). La palabra se ha hecho con ánimo de fijar las cosas y que durara. Para escribir un libro García Márquez tarda diez años y entonces saca "Mis putas tristes". ¿No tendrá dinero para pagar un negro?


El público ríe. En algunas caras se adivina una mueca, en otras son los ojos quienes sonríen o hacen esas muecas.


- Los blogs, la mundialización y tal están bien para que te cuenten cosas del país y tal, pero entre el periódico y la novela hay un abismo, hay ese punto en que algo es público y privado y eso sólo lo consigue la literatura. La novela ha mostrado una capacidad enorme de adaptación. Ahora nos tocamos el alma porque no tenemos "ahora" sujeto histórico.


La conferencia es mucho más de lo que aquí expongo, es mucho más de lo que puede adivinarse en esta caricatura de la misma. De repente me encuentro dándome una opinión sobre Chirbes. Ahora hago yo la mueca. Un amago de sonrisa. Luego una sonrisa completa. Saco del bolso un librito de álbum de familia y escribo una dedicatoria para Chirbes.


- ¿Es rentable escribir desde la rabia? -pregunta alguien del público.


- Ahora llevo un tiempo sin escribir. EStoy leyendo. No salgo de casa. No veo la tele. EStoy leyendo Los años vertiginosos. Me gustan los libros de Historia y casi nunca estoy de acuerdo con lo que dicen.


-La vida en soledad no tiene sentido.


-Los ricos son los que tienen proyectos colectivos.




La charla termina con un aplauso bastante sonoro. Dejo mis cosas sobre el asiento delantero y aplaudo junto al resto. Salgo detrás de Rafael y de Peio y una vez que estamos en el hall, me acerco a comprar uno de sus libros: El novelista perplejo. Después me acerco y le doy la enhorabuena por su charla y le regalo un ejemplar de nuestro "álbum de familia". Se muestra encantado con el regalo, me da las gracias y lo guarda en el bolsillo de su chaqueta. Entonces nos hacemos la foto de rigor.







Decidimos irnos a cenar. Tenemos poco tiempo. Estoy nerviosa pensando que no cogeremos buen sitio en lo de Andrés Neuman. Bajamos a cenar donde comimos al mediodía. Un montón de gente se amontona en la calle, a la salida de la Zarzuela. Entramos al bar a la vez que mucha de esa gente. De repente, una familia de tres se levanta. Perfecto. Ya tenemos mesa. Hojeo El novelista perplejo mientras hablamos de Chirbes. Me ha encantado este hombre. Su serenidad al hablar. Su cultura. Su semblante y su manera de decir lo que le viene en gana. Apunto que tengo que comprarme La buena letra. El título me atrae demasiado, como las reglas ortográficas, como los números primos, como los ochenta, como recordar.
Ha pasado más de un mes desde aquel día y puedo decir que leí La buena letra y que se ha convertido en uno de los libros que más me han llenado de los que he leído este año. Tal vez me tocó toda la fibra sensible que tengo y que me recorre de arriba a abajo y de lado a lado, no sé. Me pasa con la gente mayor, me pasa con las Sras que me recuerdan a mi T.G. (Pongo siglas porque tampoco se trata de desvelar aquí mi vida o las personas que me rodean o redearon. Si no tiene que ver con lo literario, y sí con lo privado, sigla al canto). Me pasa con la gente que ha sufrido o que ha vivido una época como la que se vivió en España durante la guerra civil. Me pasa con tantas otras cosas... con tantas. En fin, que os lo recomiendo absolutamente y si lo encontrais os pediría el favor de que me dijéseis en qué librería lo habeis encontrado. Por el momento, sólo he podido leerlo en word. I. me lo pasó en word, (no me gusta leer en ordenador a no ser que no haya más remedio), antes la imposibilidad, en las librerías de Málaga, de encontrarlo. Un gran libro.
Cuando terminamos de cenar volvimos al Círculo de Bellas Artes. Un halo a "humareda" se me quedó prendido en la ropa. No soy fumadora. No me gusta el humo y sin embargo muchas veces le gana la partida a mi perfume.
Cuando llegamos al bar del hall, donde se suponía que a la hora de las brujas Neuman tendría su sesión "espiritista", nos sentamos en una mesa a esperar. Andrés estaba justo a mi lado, de pie.
Me sonrió y me dijo: Hola Isa, (arrastrando cantarinamente las vocales de mi nombre).
Continuará....
I.M.G.

Fotografías propiedad de Isabel Merino González.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Jane Austen y yo


Conocí a Jane Austen hace muchos años, no podría especificar el día concreto, aunque tal vez fuese hoy, día del aniversario de su cumpleaños, pero no sé de qué año. Y me da coraje no acordarme, porque soy la tonta de las fechas, pero por más que lo intento... no lo recuerdo.

Paseaba por el parque de Málaga, por la Feria del libro de Navidad, mes de diciembre, día inconcreto, como digo, y buscaba un regalo de Reyes para una de mis mejores amigas. Tenía que ser un regalo especial, pero no tenía mucha pasta, era estudiante, de eso sí me acuerdo. Y habíamos acordado regalarnos "un detallito". A las dos nos gustaba leer y nuestros gustos eran similares en casi cualquier campo. El libro me llamó. No alzó el vuelo como los libros de El orden alfabético de Juan José Millás, ni le crecieron brazos que llamaron mi atención. Simplemente me llamó. Sí, soy de ese tipo de personas que piensan que los libros te llaman y que se ponen a tu alcance justo en el momento en que deben ser leidos por ti. No era mi momento. Era el momento de mi amiga. Jane prefirió que la conociera a través de ella.

Ese libro, Orgullo y Prejuicio, fue el regalo de Reyes que le hice a mi amiga. Hoy en día no sabemos su paradero, pero alguien lo tendrá y lo estará disfrutando, que es de lo que se trata.






Caminábamos por la calle Eugenio Gross, creo que era Semana Santa e íbamos de tronos y mi amiga, llamémosla A, había comenzado a leer el libro y le estaba entusiasmando. Cuando lo terminó, me lo dejó y lo devoré en un par de tardes. Y ahí comenzó todo. Orgullo y Prejuicio fue el principio de todo...




Después llegaron el resto de los libros, Sentido y Sensibilidad, (tras ver en el cine la magistral adaptación de Emma Thompson, que ganó un Oscar al mejor guión adaptado), La abadía de Northanger, Mansfield Park, Emma y Persuasión. Cuando los libros fueron leídos y releídos, me los compré en inglés y después visioné todas y cada unas de las adaptaciones para el cine y la televisión. La BBC ha hecho un buen trabajo también. Cuando esto se acaba y tu pasión sigue creciendo se necesita más. Entonces llegaron las ediciones raras, los libros inacabados, las películas sobre Jane Austen, la joven Jane Austen, Conociendo a Jane Austen, etc etc.


Cuando llegó internet a mi vida, pude al fin conocer a la verdadera Jane Austen y a todos los que la leemos y seguimos. Hoy muchos de los blogs que sigo, muchas de las personas que como yo, celebran hoy el aniversario del nacimiento de Jane Austen, han hecho un pequeño homenaje. Os dejo alguno de ellos:


http://www.rincondejaneausten.blogspot.com/

http://www.janeaustenshousemuseum.blogspot.com/

http://www.austenauthors.com/

http://www.janitesonthejames.blogspot.com/

http://www.janeaustensequels.blogspot.com/

www.bibliotecaredfielhall.blogspot.com


Etc Etc



Después llegaron los viajes temáticos....



1. Alton -Chawton-Chawton Cottage






Os remito a mis entradas en el blog, de Chawton cottage, que están inacabadas, pero que prometo terminar, en la que cuento mi visita a la casa de Jane Austen en esa casa que da nombre a este blog.


2. Bath


Este año estuve en el Festival de Jane Austen en Bath. Os remito a mis entradas en el blog, de Bath-Festival de Jane Austen. Igualamente están inacabadas, debido a que el Festival Eñe se me tió por medio, peeeero, prometo terminarla en breve. Durante los dos días que pasé allí, con otra de mis mejores amigas, fue como vivir en la época de Jane. Un sueño, como se dice, aunque en este caso georgiano y con paperas. Allí conocí, porque había quedado con ellas, a dos escritoras grandes admiradoras de Jane Austen, de las que soy bloguera seguidora de sus blogs: Jane Odiwee y Victoria Connelly.





3. National Portrait (London)




Este año también visité la National Portrait de Londres, donde tienen el retrato de Jane Austen que dibujó su querida hermana Cassandra. Cuando llegué a la sala de los escritores y contemplé los cuadros de Lord Byron o de M. Shelly por citar alguno, espera uno de enormes dimensiones de Jane. Sin embargo el retrato, que está metido en casi una cámara acorazada transparente y a una temperatura idónea para su mantenimiento, no debe medir más de un A5, quizá menos. No sé cuánto rato estuve admirándolo. Me traje una postal de recuerdo.


4. Westminster Abby (London)

Existe una placa conmemorativa de Jane Austen en la Abadía de Westminster. En el rincón de los escritores. No se tarda en dar con ella. Merece la pena ver ese rincón y todas las placas que allí se encuentran.


5. Viajes que quedan.


Tantos si conocemos la vida de Jane Austen y hemos leido sus libros... Winchester será el próximo, el primero. Visita obligada a su catedral, donde Jane Austen descansa desde hace 235 años.


No quiero escribir fragmentos de su obra aquí, pues escoger alguno que la represente es complicado. Podría escoger un fragmento de sus cartas, algunas frases significativas, dejar que sus personajes hablasen por ella, pero opto por remitiros a sus obras. ¡Qué mejor homenaje que hacer felices a nuevos lectores o los lectores de siempre con su relectura! He conseguido con mi propio entusiasmo, igual que el que me contagió mi amiga A. aquel día de aquel año con Orgullo y Prejuicio, contagiar a otras amigas, a otros amigos, que hoy son, al igual que yo, fieles seguidores de Austen. Somos un buen puñado de Austenianos.


Por lo menos una vez en la vida hay que leer a Austen. No perdais la ocasión. Si os encontrais con sus libros y os llaman, acudid a ellos. Será justo ese momento.


Gracias a los que habeis dejado comentarios. Seguiré rindiendo homenaje a Jane y a su obra en casi cada entrada, en todas hay un poquito de ella aunque no lo parezca, por algo este lugar en el que me pierdo día sí, día no y día también, lleva el nombre de uno de los hogares en el que fue más feliz: Chawton.



FELIZ CUMPLEAÑOS, QUERIDA JANE.





I.M.G.

















































































































































































































































































235 aniversario del nacimiento de Jane Austen


Hoy es el 235º aniversario del nacimiento de
Jane Austen.

Jane Austen. National Portrait de Londres. Autora: Cassandra Austen.



Desde esta página, nacida con el nombre y la imagen de la casa donde vivió y fue feliz durante unos años, le deseo un Feliz Cumpleaños a mi escritora favorita. Sin duda, se sucederán homenajes a lo largo de todo este día. Permaneced atentos quienes admireis a la autora tanto como yo. De momento, os dejo con el homenaje de Google. Hoy todos buscamos algo en la red a través de nuestra querida Jane. Hoy todo es Austen.



Homenaje de Google a Jane Austen, hoy 16/12/2010.




FELIZ CUMPLEAÑOS, JANE.


Os invito a contar cómo descubrísteis su obra, qué libro os gustó más, a qué lugares os ha llevado su obra, qué adaptación cinematográfica es la mejor, a quienes habeis conocido gracias a ella o a sus libros, de quién no os olvidareis, etc, etc. Compartamos hoy "todo sobre Jane Austen". Espero vuestras respuestas. Besitos y feliz día "Austenianos". Soplemos las velas y pidamos un deseo. Tal vez Jane lo escriba y lo haga eterno, como hizo con su obra.



I.M.G.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Festival Eñe (12-13Nov. Madrid) 8ª Parte

19:30 Conferencia Exprés de Vicente Luis Mora. La tengo señalada con un círculo sobre el programa. La semilla errante: Google como punto de partida creativo.

Esta charla tiene como objeto analizar cómo artistas de ámbitos muy diversos están usando las posibilidades técnicas de Google para crear nuevas formas de expresión y mundos estéticos entrelazados.
La sala María Zambrano, en la 5ª planta está llena. Miro por la ventana. Madrid está oscuro. Ya es de noche.
¿Qué buscaba yo en esta conferencia? Ideas. Tan simple y tan
complejo como eso: Ideas.

Hay días que me siento frente a mi ordenador y espero que me
diga algo. La pantalla de Google, unos días más artística que otros, otros más
conmemorativa, no dice mucho, teniéndolo todo guardado en su buscador. ¿Qué
buscar? ¿Cómo buscar? ¿Dónde encontrar en la amplia red esa bombilla iluminada
que quieres arrancar del mundo virtual para que se instale en tu pluma o en tus
dedos y genere esa idea? Sólo es eso, una idea, que luego se ha de moldear, como
el barro, para que llegue a ser una vasija o una obra de arte, según el genio de
cada uno.

Se trata de ser Demi Moore en un instante romántico en la
película Ghost, antes de que Sam, el de idem en lugar de te quiero,
la entretuviera con su
torso desnudo y sus manos de déjame moldear contigo que ya verás lo que vamos a crear entre los dos.
Y cuando
tratan de darle forma juntos, la obra se deshace, porque el arte, a veces,
necesita soledad y empeño. Otras cosas, mejor entre dos. Apago la luz y
dejo a Sam y a Molly que desaten su pasión, mientras yo
vuelvo a googlear alguna palabra que se me ocurre, algún binomio fantástico.

Navegando por los mares de los piratas virtuales busco ideas donde atracar mi
Perla Negra.


Tras este inciso que he tecleado sin ser del todo consciente, sigo, o mejor empiezo, con lo que dio de sí aquella media hora, sentada en primera fila, atendiendo a la conferencia.


-¿Qué buscamos? -se pregunta y nos pregunta Vicente Luis Mora.

A su derecha, podemos ver una proyección de la pantalla de su portátil. De momento sólo se puede ver la página que muchos de nosotros tenemos como inicio en nuestro ordenador: Google.

-Buscamos por doquier el absoluto y sólo encontramos cosas. Las palabras las tenemos, lo que buscamos es el orden.

Vicente nos deja unas citas de filósofos, escritores, etc. Entre ellas nos deja una de Basho que dice: No sigas las huellas de los antiguos, busca lo que ellos buscaron.


-La búsqueda por excelencia es Google. Es una ordenación del conocimiento, de acceder al conocimiento.

Nos señala lo siguiente: búsquedas de Jorge Carrión y Googleramas de Joan Fontcuberta.

Busca en Google las palabras Rigor y hacer y nos enseña la de posibilidades que se abren, la de páginas que se nos ofrecen. Nos comenta que un escritor cuyo nombre apunto como Salzol y que no creo que sea ese, tenía un título para su obra: Risas y destrucción. Al introducir esas palabras en google y obtener ideas, consiguió escribir tres obras.

- Lo que buscamos en internet nos da como respuesta a nosotros mismos. Nos encontramos a nosotros.

-En la novela actual hay una ansiedad por conectar a todos los personajes. Es algo así como el google. Google es un archivo instantáneo de lo que está ocurriendo.

Nos proporciona el siguiente enlace: http://wetellstories.co.uk/stories/week1

En ese enlace podemos seguir una historia de geolocalización, en inglés, y avanzar por los capítulos a la vez que el personaje por un mapa real. El creador es Charles Cumming y el nombre del relato es 21Steps.

El siguiente tema, lo aborda casi sin soltar el anterior, pues el tiempo apremia, es el google street view. Nombra a Jon Rafman, que es un fotógrafo que resulta bien interesante como ensayista, habla de Poetic translation y prosigue nombrando a Bill Guffey que coge imágenes del google stret view y las modifica a su antojo. Lo llaman el paisajista de Google Street View.

Elvira Navarro, la escritora, está sentada a mi lado. O eso pienso. Yo creo que sí, que era ella. Alguien por detrás ha susurrado su nombre y ella ha parecido mirar. Sigo anotando nombres y páginas que Vicente nos va regalando a toda pastilla, el tiempo de la conferencia se agota. Se agota. Se agota. Apunto al vuelo, desordenadamente, sobre la hoja en blanco de mi cuaderno:

Jennifer Cruzca. Lies
like truth.
Escenas bíblicas vistas desde Google
Earth
. Jack Tooun. Perfect
view 2002-7.
Ciudades vistas en 360º. 360 cities. Christoph Niemann. New York Times. Aplicación
Collage
. Cruce de imágenes del Google Earth. Jorge Carrión. GR-83. Autobiografía sin vida.



- Todas estas tecnologías se pueden usar para el bien pero tb pueden audar a fines poco lícitos. La cibercultura nos hace ver desde perspectivas que nunca veíamos.

Prosigue dando datos, dispersos, interesantes, hay que elegir entre anotar o escuchar. Escucho. Su voz, acierto a pensar, se dispara a la velocidad de la luz. Como en algunas clases de la Facultad, cuando alguna vez fui estudiante, salgo con apuntes cogidos a medias. Insatisfecha de que un tema tan interesante haya durado tan poco y de no haber podido rellenar más hojas de mi cuaderno.

Oigo el nombre de Andrés Neuman. Vicente ha dicho que anda por ahí detrás. He mirado varias veces tratando de reconocer su melena, su barba, sus ojos tan vivos, su sonrisa encantadora, pero sólo he visto desconocidos y un tipo parecido a Chuck Norris que ya me he encontrado en varias conferencias.

- Si una cosa no te lleva a otra, olvídala -prosigue Vicente, apurando los últimos segundos de la conferencia. Yo he dejado de buscar a Andrés- Tal vez google se basa en eso.

- Google es pura filosofía -dice para terminar.

Nos deja una frase sacada de un texto de Platón:

Empleo la palabra sabio para designar al que puede
efectuar un cambio en algunos de nosotros
.

Loli y yo nos apresuramos a salir de la sala. La siguiente cita la tenemos con Rafael Chirbes a las 21h y son las 20h. Decidimos bajar a la segunda planta a tomarnos un café. Son gratis. Cortesía de illy y la muchacha, italiana, es muy simpática. En cuanto salimos por la puerta reconozco ese pelo oscuro, ahora más largo que el mío, lacio, cortado en dos y con un largo próximo a los hombros. Intuyo la sonrisa, aunque esté de espaldas. Los dientes blancos. El acento medio argentino-medio granadino. Se vuelve. Nos sonreímos.

- Hola, Isa -dice arrastrando la i, (haciendo sonar mi nombre: iiiiiisa).
Nos vimos hace tan sólo un par de días, en Málaga, en el salon de los espejos del Ayuntamiento de Málaga. Nos despedimos en la escalinata de fuera, ya anochecido. Quedamos en volver a vernos en Madrid. El momento era aquí y ahora. Yo llevaba su Bariloche bajo el brazo. Viajó en el AVE conmigo. También llevaba El último minuto, recién adquirido en FNAC de Callao. Tras el saludo, las palabras, (todas anotadas en algún lugar donde no se olvidan, no sobre un cuaderno), y un par de fotos, porque Andrés y yo nunca nos hacemos una sola foto, nos despedimos hasta después.

Ya lo he comentado alguna vez. Las fotos con Andrés siempre son dos. Reímos siempre con la segunda, más que con la primera, ¿o al contrario? Corrígeme Andrés. A veces pienso que nos hemos visto más veces de las que recordamos. Pura sintonía. Eso siento con Andrés. El minuto de despedirme es agónico. ¿Cuándo volver a encontrarnos? Es mejor así, por la sorpresa del reencuentro.

Loli y yo bajamos en busca del café. Vamos por las escaleras. Dos manchas negras y borrosas nos preceden, varios escalones más abajo, tal vez en la planta anterior. Uno de ellos se ha quedado confuso cuando le he dicho que el lugar donde va a dar su charla o hacer su entevista no tiene buena acústica. Tal vez hablan de eso mientras bajan los escalones y se dirigen a una conferencia a la que Loli y yo no asistiremos.

Nos pedimos ese café al fin. Sopesamos regalarle un librito a la chica del café, que entre italiano y español, le habla a una compañera de Facultad sobre su beca. Loli está cansada. Le duele la cabeza. Yo estoy de subidón-subidón. Tanto libro y tanta literatura junta me hacen feliz. No puedo abandonar la sonrisa. Soy incapaz. Como Ana Torroja en su último disco.

Vicente Luis Mora aparece en el hall, se para a charlar con un amigo, muy cerca nuestra. Cuando se queda solo decidimos saludarnos.


Resulta ser un chaval encantador. Le regalamos álbum de familia y hablamos sobre Málaga, el pescaito, etc, etc. Cuando lo dejamos, agradecido por el regalo, y habiendo comentado su charla exprés, nos paramos a saludar a Fernando Paz, director de desarrollo de La Fábrica Editorial. Nos reconoce de la conferencia de Juan Bonilla. Hablamos sobre el Festival Eñe en su conjunto y sobre alguna de las conferencias a las que hemos asistido y algunas que nos hemos quedado con ganas de asistir y que se pisaban unas con otras. Le regalamos un libro también a él. Se muestra encantado y nos da su tarjeta. Lo felicitamos por el gran trabajo del festival.

A las 21h nos dirigimos a la sala Fernando de Rojas. Queremos conocer y escuchar a Rafael Chirbes. Esta será nuestra última conferencia antes de ver a Neuman a medianoche. Hora de duendes, de hadas y de una sesión espiritista con Edgar Franz Milton.




Continuará...


I.M.G.
Fotografías propiedad de Isabel Merino González.




















lunes, 6 de diciembre de 2010

Festival Eñe (12-13Nov. Madrid) 7ª Parte

Cuando deseo algo de verdad, de una u otra forma, se me aparece una oportunidad. Desde el día anterior me quejaba de haber perdido la oportunidad de conocer a Laura Espido. Supongo que tenía tantas ganas de decirle que me impresionó que se me ofreció la posibilidad de hacerlo. No desperdicié el momento.
Espido Freire sonríe ante mi entusiasmo. Le cuento que estuve en su conferencia del día anterior y cómo salí de la misma con una nueva visión y un nuevo aprecio. Le cuento que tenía una impresión equivocada sobre ella y que eso ha hecho que me pierda la mayor parte de su trayectoria. Eso acaba de cambiar.

Estábamos enmedio del hall, Espido, Alicia (su amiga), y yo, a medio camino entre el baño, el bar, la librería y una especie de reservado. Allí nos dirigimos para hacernos una foto y para que yo le dedicara mi librito de "álbum de familia". Allí, en un rincón, Alicia se ofrece a hacernos la foto. Sonríe diciendo que está acostumbrada. Son amigas desde hace 18 años. Por un fugaz momento pienso en las amigas que tengo desde hace tanto tiempo y sonrío. De repente es como si estuvieran allí conmigo, charlando con Laura y Alicia también. Todas sentadas en aquella especie de damero rojo y blanco, charlando sobre nuestra generación.

Espido me pide que le dedique "álbum de familia". Me observa atrapar el bolígrafo con los tres dedos, como si tratara de evitar que se me escapara, apretando la punta fuertemente sobre la hoja. La situación me parece cómica, yo firmándole a Espido y ella atenta a mis palabras. Debería ser al contrario. Le explico que quisiera haber tenido un libro suyo allí para que me lo dedicara ella a mí. Le resta importancia y me invita a seguir. Me quedo en blanco. Sonríe y me deja sola con su amiga unos momentos. Le pregunto qué querría Espido leer en una dedicatoria. Y su amiga me dice que algo con cariño, con mucho cariño. Yo quiero ponerle algo especial, el momento es único y tal vez irrepetible. Al final soy yo misma y me vuelco en mis palabras para dejar un poco de mí y para que quede por escrito que me equivoqué con ella. Alicia me pregunta mi horóscopo. Géminis, digo. Ella sonríe y mueve la cabeza como diciendo: evidente, no podía ser de otro modo.



Cuando volvemos a estar las tres juntas hablamos de Jane Austen, de Chawton, de Steventon, de Bath, de Charlotte Brontë y de que me es imposible encontrar los libros que Espido dedicó a Jane Austen y las Hermanas Brontë porque están descatalogados. Alicia me sugiere eBay. Espido sugiere algo mejor... Me emociona y doy las gracias. Empezamos a despedirnos.

No quiero quitarles más tiempo. Ya se marchan, pero aún charlamos algo más, sobre algunas cosas que tenemos en común, sobre Andrés Neuman, y sobre temas que nada tienen que ver con la literatura, pero que nos unen. Nos despedimos con la mano.



- Isa, encantada -me dice antes de marcharse. Atraviesa el hall y sale.



Desaparecen por las escaleras.



Me quedo en el mismo sitio que me la encontré. Quieta. Saboreando los instantes que acabo de pasar. Encantada. Pienso que aún me queda visitar Winchester, donde Jane Austen está enterrada. Anoto en mi cuaderno: Leer todos los libros de Espido Freire. Empezar por los cuentos malvados y seguir con Irlanda.



Nos parecemos, pienso camino de la sala Fernando de Rojas, donde a las 17:30 comienza un diálogo de altura entre Manuel Rivas, el gran escritor gallego, y Juan Cruz, escritor y uno de los periodistas más influyentes del ámbito cultural. Entre otras cosas hablarán de la última novela de Rivas, Todo es silencio, sobre las fronteras y el narcotráfico.



La conferencia ya ha empezado cuando entro. Me siento en la última fila y me quejo en silencio de que las fotos saldrán desenfocadas y lejanas. Una mujer lee poesía. Todos la escuchan con atención. Yo saco mi cuaderno y recuerdo que Miguel, mi compañero de puntoyseguido, me dijo que era importante darle nuestro librito a Juan Cruz, ya que la primera frase, que lo define, es de este autor, de su libro Ojalá Octubre:


Las mismas fotos dicen cosas distintas a medida que pasa el tiempo


Un espontáneo, del público, pide permiso y lee una poesía en voz alta. El público aplaude. Los autores empiezan a hablar del abandono, de los niños, y Manuel Rivas hace hincapié en recordar el cuento de los músicos de Bremen, que son animales que no se pelean entre sí, que han perdido las cualidades prácticas para sus dueños, que han perdido el falso afecto y sufren el abandono. Recuerda su primera casa en una calle estrecha, muy cerca de la Torre de Hércules. Cuenta anécdotas de su infancia y de la inocencia de los niños. Cucaracha. Alfombra. Camioncito. Música. Pasacalles. Monstruos. Primeros miedos: Gigantes y cabezudos (Los Reyes Católicos).

Juan Cruz toma la palabra para decir que entonces todo era verdad, que cuando eres niño, todo es verdad.

Manuel Rivas sigue hablando de animales y de miedos y Juan interviene para decirle que le regaló a Almunia el libro de Rivas: En salvaje compañía. El público ríe. Juan y Manuel también.

- Todo lo que te ocurre está unido con hilos invisibles y hay una terrible obsesión en separar unas cosas de otras -dice Rivas. Me gusta que los libros tengan escaleras hacia todos lados, que te lleven a cualquier sitio. El narrador de En salvaje compañía es un cuervo. La boca de la literatura no siempre está en los libros, está también en otros lugares.

- ¿Por qué el hombre se empeña en reducir al hombre?

Juan Cruz dice que de eso trata la obra de Manuel Rivas y que ocurre también en La lengua de las mariposas.

Dejo de escribir en el cuaderno y me fijo en ellos. Me parece esa clase de gente cercana, con aspecto de buenas personas, con una capacidad de retención y de disfrute impresionante. Disfrutones, como yo digo. Me encanta la gente disfrutona, apasionada, habladora y charlatana de aquello que más ama. Gente contagiosa de su entusiasmo.

Manuel Rivas nos sugiere leer La felicidad clandestina, de Clarice Linspector. Justo después hablan del fracaso del Papa en Santiago.

La conversación prosigue y ninguno de los que estamos allí tenemos prisa por marcharnos. La charla es distendida, reímos en multitud de ocasiones. Están cómodos charlando y nos hacen sentir cómodos a los demás. Como si estuviésemo en el sofá de casa, con la bata puesta, conversando con amigos.

- Hay que aprovechar cualquier oportunidad para meter un poema -dice Manuel antes de leer un poema que dedicó a un hombre muy importante de su vida, ¿su padre? ¿su abuelo? por un momento confundo ambas figuras.

Termina la charla comentando que una vez conoció a un hombre que llevaba poemas en los bolsillos, tatuados, escritos en la camisa... Siempre tenía uno a mano para recitárselo. ¡Qué buen personaje para un relato! -pienso.


En cuanto termina la charla y la gente comienza a salir de la sala, me aproximo al escenario y espero a Juan Cruz. Me acerco a él y le regalo nuestro librito y pienso en Miguel de nuevo. En que cuando escogió la frase para nuestro librito jamás pensó que el propio Juan Cruz tendría nuestro libro en sus manos. Juan me sonríe y me agradece especialmente el gesto. Le muestro la frase que sirve de prólogo a nuestro librito de relatos y su sonrisa es más abierta y su cercanía y gratitud lo engrandecen. Me presenta a una chica, artista, dice él, que hace fotos sensacionales. Le doy mi cámara. Click. Juan vuelve a agradecerme el gesto del libro con dos besos. Habla con un amigo, por teléfono, sobre un próximo evento en Nueva York. Me comenta algo. Sonrío. Nos despedimos. Comienzo a vaguear de nuevo por el hall de la librería. Y pienso en todos mis compañeros, en que ojalá hubieran venido y pudieran disfrutar lo que estoy disfrutando yo.

En mi vaguear me cruzo con Juan Cruz de nuevo y me pregunta por la foto. Le digo que ha salido genial. Sonríe de nuevo y vuelve a despedirse. Después me cruzo con la chica que hizo la foto y también me pregunta. Se la enseño. Me atrevería a decir que se llamaba Begoña, pero igual me equivoco. Sin embargo es el nombre que recuerdo. ¿O era Cristina? Igual ni el uno ni el otro. Pero era simpática y hacía buenas fotos, eso sí. Nos cruzamos alguna vez más esa tarde y volvieron a saludarme amigablemente.




Me acerco a Manuel Rivas y le doy un librito de álbum de familia que previamente también le he dedicado. Me lo agradece con un gesto. Se siente en la mesa de firmas y comienza a firmar ejemplares de sus libros. Entonces mi atención se desvía hacia otra cara conocida, nada literaria, no sé por qué me emociono al verla. Se me saltan las lágrimas. Su sonrisa es maternal, sus manos de hada buena, su mirada cuenta. Su abrazo, conciliador.

Es Julia Gutiérrez Caba. Una gran dama. Admiro su trabajo. Se lo comento. Lo agradece. Me acaricia las manos con las suyas de hada. Pido un deseo.
Una chica deja su móvil en el suelo, su bolso también, la chaqueta la aprisiona entre las piernas, coge mi cámara con las dos manos. Julia sonríe. Yo también.



Consigo ponerme en contacto con Loli. Bajo a encontrarme con ella, con María y con una pareja amiga. La emoción me embarga, se me sale por los ojos y por la sonrisa. Ellos se dan cuenta. Me dejan hablar, atropellarme con las palabras, mostrar las fotos, contar, contar, contar. Después una rápida despedida, nos vamos para la siguiente conferencia exprés, la de las 19:30 de Vicente Luis Mora. Loli me acompaña. Subimos y cogemos primera fila.
Andrés Neuman ya ha llegado. Me pregunto en qué conferencia estará. De repente... lo adivino. ¿Quién dice que no hay magia en el Festival Eñe?
Continuará...
I.M.G.
Fotos propiedad de I. Merino.









viernes, 3 de diciembre de 2010

Despistes frecuentes

Mis orejas son un semáfaro en ámbar. Parpadean. Mis mejillas, rojas. El tono de mi piel verde, como el de un lagarto. Ahora se ha vuelto blanco. También mis mejillas. Las orejas siguen en ámbar.
Un nuevo despiste. Un nuevo equívoco. Una nueva "fatiguita".
¿No os ha pasado nunca eso de enviarle un mensaje a quien no correspondía? A mí me pasa con frecuencia, a veces creo que es estacional, pues en primavera me ocurre más. Será que ando más despistada, contando margaritas, versos o alas de mariposas. No sé.
Si estoy nerviosa, malo, el mensaje nunca va a su destinatario. Si pienso en alguien, aunque el mensaje no sea para esa persona, a esa persona le llega.
Si tengo que tener cuidado de no reenviar algo a alguien en concreto o a una multitud, sin duda alguna ese reenvío llega a todo el que no debe llegar.
Así soy yo. A veces. No siempre. Sobre todo en primavera.
Tengo varios sms devueltos en la bandeja de entrada de mi móvil: Creo que te has equivocado.
He tenido que crear una plantilla para responderles: Lo siento. Gracias. Marqué corriendo. Besos.
La mayoría de las veces son cosas sin importancia, recados simples, mensajes que todos escribimos a diario a nuestros amigos, conocidos o familiares, pero otras veces, esas que hay que tener más cuidado, la cosa en caso de error, se puede complicar. Y sí, claro, a mí también me ha pasado. Hoy me ha pasado. Y no es primavera. Y ni siquiera tengo los dedos engarrotados por el frío, que sería la excusa perfecta del invierno. También me pasó una vez, hace años, en uno de mis anteriores trabajos, con el "winpopup", ¿alguien recuerda esa especie de chat que conectaba a los usuarios de los ordenadores de una misma empresa? Sí, también tuve problemas con el winpopup.
Imaginaos un chico alto, moreno, guapo, simpático, gaditano, con una camisa azul y unos vaqueros, cruzando la oficina de lado a lado, sonriéndome al pasar, invitándome con un gesto a entrar en ese chat privado, en hora de trabajo. Por supuesto me conecté. Su mesa se encontraba detrás de la mía, pero unos diez metros nos separaban. Comenzamos a chatear. Que si qué tal llevas la mañana, que si cual, que si "Pascual", y por otro lado, a la vez, le iba comentando a mi compañera también por el winpopup lo que iba hablando con él. Las dos montábamos una historia paralela sobre lo que hablábamos él y yo. Finalmente ocurrió lo que tenía que ocurrir: Se cruzaron los mensajes. Aún cambio de color al recordarlo. Roja. Blanca. Roja otra vez. Las orejas hirviendo, los carrillos también. Un leve temblar en los labios. Mi compañera riéndose y diciendo: no puede ser, no puede ser, no puede ser.
Un mensaje de él: Tranquila, no pasa nada.
El final de la historia es cosa nuestras. Aún somos amigos, por si existe esa curiosidad, aunque cada cual vive su vida. Eso sí, nos saludamos por las redes sociales y siempre que recordamos aquel capítulo, nos reímos. Y sí, el semáforo de mis mejillas está en rojo. Siempre.
También he sido destinataria de errores de otros. Una vez tuve que contestar a una compañera que le escribia a otra, recién llegada yo a otra empresa: No, no me gusta ese chico. Tranquila. No es mi tipo.
Hoy me ha sucedido y de nuevo en el trabajo. Prometo que estaba haciendo pagarés tan tranquila. Nada de ocio, al menos en el momento de lo sucedido. Recibo un correo de la chica de centralita en el que se nos pregunta por las vacaciones navideñas. Tema bastante tenso en el lugar en el que me muevo laboralmente hablando. Se me ocurre responder al instante. Soy impulsiva para todo. Para todo. Si no hay que llamar: yo llamo. Si no debería mandar un sms o un mail: yo lo hago. Y luego: arrepentimiento o comedera de tarro.
Sí. Esa soy yo. A veces. Sobre todo en primavera.
Total, que respondí, llevada por ímpetu que a veces poseo.
Y respondí: Qué más quisiéramos... saber si tenemos O.O
Hasta ahí normal. Normal si sólo le hubiera respondido a la chica de centralita, claro. Le di a Responder a todos. Las cosas no están como para bromear sobre este tema ni sobre ningún otro, en mi empresa. Responder a todos quiero decir A TODOS: jefes, jefazos, gran jefe, mi propia jefa de departamento, compañeros de cada uno de los y pico departamentos que aquí co-existen, encargados, jefes de obras, gente de Sevilla and so on. Y es más, mis correos me devuelven otro diciendo quién los ha leido.
En fin... que tuve que enviar otro, una respuesta, no de las que guardo en el móvil en las plantillas. Aquí lo terminé de estropear:
Es bromaaaaaa!!! Felices Fiestas a todos y Feliz Puente!!! Un beso.
Con este mensaje en realidad estaba diciendo: joder, me he equivocado, ¿cómo arreglo esto?
Las luces de mi cara siguen intermitentes. Mis orejas aún hierven. Los dedos me tiemblan. Tengo la sonrisa tonta. Y espero la llamada de alguien que reprima por este correo o me envíe directamente a personal. Por supuesto el jefe de personal también ha recibido mi correo, claro.
Al final, por una o por otra, siempre me juego algo.
Perdonadme si mi despiste llega a vuestra bandeja de entrada, sea la que sea.

Son las tres, cierro el chiringuito. Mi mal rato y yo nos vamos de puente.

FELIZ PUENTE A TODOS!!!!


I.M.G.